sábado, 27 de diciembre de 2008

La Naranja Se Pasea...

Una siesta me llegó un caso de Politraumatismo Cráneo-Encefálico.
Es frecuente verlo en casos de accidentes automovilísticos y precipitaciones de grandes alturas, pero en este caso, la causa? Un tanto peculiar...

Señora -comencé la historia clínica preguntando a la madre- cuénteme un poco porqué este muchacho tiene tantos golpes en la cabeza...

Bueno... -tímidamente, la señora de unos 50 años, comenzó el relato- Mi hijo y mi hija...

Resultó ser, que los hijos, de 15 (el muchacho golpeado) y 16 años (la hermana mayor), aburridos en su casa, se habían puesto a jugar en el departamento céntrico nada mas ni nada menos que con una naranja de ombligo. El pasillo del 10° comunicaba el comedor (donde estaba el joven de casi 2 metros) con el baño (donde se encontraba la actual médica ginecóloga), a través del cual se entretenían los hermanitos arrojando y atrapando la naranja... El problema radicaba en que este pasillo, no sólo comunicaba los sectores antedichos, sino también, los dormitorios.
Repentinamente, su madre, quién me relataba la historia, decidió, quizás signada por este buscapleitos que es el destino, cruzar ese mortífero campo de tiro en busca de alguna nimiedad en el dormitorio de enfrente al suyo, cuando brutalmente fue alcanzada por el proyectil arrojado por el joven masacrado.
Ante los ojos midríaticos de sus hijos, quienes solo fabulaban con tener mágicamente una máquina que los devolviese al pasado, o quizás a otra dimensión, la naranja golpeaba sorpresivamente, en cámara lenta, la cabeza de Susana... Como boxeador que recibe el impacto del knockout, su cabeza leeeeentamente se desplazaba lateralmente, revoleando sus cabellos y arrojando saliva, mientras la naranja, por principio de "acción-reacción" caía de nuevo a los pies del púber, quien no acreditaba la escena que estaba observando...
A decir de él (tiempo después, ya recuperado de la conmoción cerebral producto de los golpes) sintió el verdadero miedo, no ese que te llega cuando te asustan o cuando te quedas solo, encerrado en el cementerio, ni siquiera aquel miedo, de explosivos truenos que irrumpen por las noches en pacífico sueño, era el miedo a la muerte, a la muerte violenta auspiciada por la mano llena de odio... Vió pasar en una mínima fracción de segundo, toda su corta, pero signada de hechos similares, vida.
No llegó a cubrirse el rostro, pues su guardia fue mas lenta que el primero de los ganchos de su madre, el cual lo derribó instantáneamente, sin darle tregua a su equilibrio... Yaciendo en el suelo (me comentaba aun con rostro de extrañeza), lo invadió un fortísimo estado hilarante, que no podía, a pesar de sus esfuerzos, contener de manera alguna. Este ofensivo, contra el orgullo de quien ha sido sorprendido, cuadro de risas de su hijo, no hizo mas que enardecer aun mas a la iracunda madre, la cual no pudo (confesado con cierta vergüenza) contener cada uno de los innumerables golpes que propino al pobre Guille.
Su hermana, atacada por igual demoníaca fuerza de carcajadas, resbaló en el baño y cayó, en su afán de conservar la bipedestación, envuelta en la cortina de la ducha dentro de la bañera, con inútiles intentos de escalar los azulejos para poder pararse y continuar espectando la jocosa golpiza...
Debió, final y tímidamente, intervenir la querida Justina, empleada doméstica de turno, quien esbozó un tenue "Doctora... No le pegué mas, pobre chico..." para que la zurra concluyera.

Atendí las heridas del joven, di contención a la madre desencajada por su ataque de ira, y sedé a la hermana, para q cediera su risa...
Nunca mas tuve un caso así, pero supe que ese muchacho se hizo médico, muchos años después...

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